Y el instante llega, en que el cuerpo deja de pedir y solo explota.
No hay vestigio de razón, ya no hay suelo ni horizonte.

Pensar en mañana es sentir cómo el hambre se apodera de cada célula.
Helándola. Goteándola por dentro. 

Hasta no querer más de aquello que quisiste comer.
Pudiste solo beberlo, cuando gateaba evaporándose en el suelo.

algo, al fin, significó el suicidio.

No matar. Suicidar. En la razón al ejecutar, por falta de sentido. 

Suicidar algo. Extraerlo. Eliminarlo. Verlo morir. Apagarse frente a mí.

Perderse intencionalmente de Salvarlo. 

Cerrar cada válvula, al ver que la cinta que gira es y siempre será exactamente la misma que la anterior y la siguiente.
Levantar la tapa del botón que expulse, mientras grita arrepentido de haberse pavoneado cada segundo que estuvo vivo.