Temporalmente atropellada está por la vieja manía de no soñar.
Despertando continuamente, 

porque ese es el mejor corte que La Carne puede darle.
Pierde segunderos corriendo el fruto escalera abajo en cámara lenta,
donde ya sólo queda un desarmadero de heladeras.
Y el fruto baja deshaciéndose, para no dejar de obligarla a ser.