Extrañamente,
partió con una nueva imagen formándose en su cabeza,
pero pronto la olvidó.

Al cabo de varios días, y un paseo por aquel infierno
-que sólo se lleva dentro en alguna que otra ocasión-,
volvió a invadirla, ahogándola esta vez, en la lejanía
de las olas que rompían a sus pies.  

No podía ya esperar más.
Ansiaba en el volver, desplegarse y rendirse,
ante los encantos de aquel gigante
y sus mágicas cuerdas de sabor.

Sabiendo que quizás, muy probablemente,
le terminase por regalar una bella muerte,
o bien, se transformase en fuego ante sus ojos,
para luego lindar entre el recuerdo, y la verdad.