Preciso ha de ser el instante en que el alma inhala
para encontrar en el aire tan solo la compañía de su mente.
Suspira intentando calmar la ansiedad de saber la multitud dentro de sí.
Hermética, como ha de serlo, y saberlo; y sorberlo todo.
Un pequeño hueco propagándose. Un rayo, iluminándose.
Un vacío, ramificándose.
Seis lágrimas quietas, incapaces de desagotar una angustia que ha sido y será invisible.
Toma unos minutos para estudiarse el reino de cavernas, senderos, superficies y fondos que sostiene dentro;
accede solemne ante si misma, a montar eterna guardia de su más profundo secreto,
y de todos los fuegos de su alma.