A dónde nunca llegaré
El lenguaje esta teniendo suerte de absurdo.. mmm.. bastante seguido. La palabra. El vomito. El tener razón.
La ya insostenible y pronta al descenso manía de creer en cambiar algo. El optimismo, en la caída. El pesimismo,
aburriéndome demasiado. El humorismo incomunicado, al caer primero el rayo que la tormenta.
Así quedo.
Como un muñeco que ruega ser descosido, reciclado por otro artista, engañado con otra historia. Otra.
Cualquiera, mientras sea otra. Sólo para que la lámpara, no sea lámpara, sino hsjfadg daj' aj gez; y quizás que
hasta flote en diminutas partículas de luz, y no en cambio estar contenida por una estructura que cuelga de
un cable. Que salga del centro de la hsjdhgf de un kkjsamnht con vascolé. Por todos los Cielos: cambiar de Dios.
Cambiar de crimen. Cambiar de culpa. Cambiar de atributo tanto, que al terminar de girar en círculos ya no
caiga nada al suelo. Ni aun en la memoria. Esa que de no existir, no me dejaría sin sueño.
Y el sueño. El sueño que sueño, repetidamente en mis sueños. Ahí donde me voy por segundos eternos.
Vertical u horizontal. Ese mundo que pareciera ser mi hogar. Mi planeta. Mi profundidad del mar. Ese sueño
que aun apagando todos mis motores, no deja nunca de ser
en sueños.